Lo que me encontré perdiéndome
Hoy, por ejemplo, iba para un consultorio (quería verlo para atender personas allí) y la dueña me envió, junto con la ubicación de Google Maps, algunas señas. Que quedaba por Jumbo. Sé bien dónde queda. He ido mil veces.
Al salir de casa puse la ruta en Google Maps. La aplicación me indicó toma la Avenida Regional. Cosa como de un kilómetro antes de llegar a la “oreja” que conduce al puente de la Aguacatala, miré el mapa de google (Aunque conozco relativamente bien la ciudad, cuando pongo la aplicación es como si olvidara o renunciara a pensar por mi propia cuenta; le entrego el poder, la autoridad, el conocimiento, y decido, inflexiblemente, seguir la ruta que me sugiere, no importa si no la entiendo, si me parece absurda, arrevesada, contraintuitiva o, que de vueltas innecesarias). Como otras veces, esta vez, el mapa me propuso una vuelta que me pareció arrevesada. Yo creía que me iba a indicar tomar la oreja para la Aguacatala pero me indicó otra ruta en la que había que ir más allá, y después, describiendo un enorme cuadrado, devolverse. Miré la ruta y la vía (no es que tenga mucho tiempo de analizar mientras manejo) y de pronto entendí que la ruta que me proponía no era tomar el puente de la Aguacatala por una ruta diferente a la de la oreja, sino ir más adelante y tomar una salida que conduce, me pareció, a Envigado, salida que, me dijo mi mente, coincidía con el cuadrado que pintaba el mapa, así que seguí adelante.
De pronto, no sé cómo, creo, me pasé de la metida que me indicaba. Me pareció entonces que el mapa se corrigió (digo me pareció esto era confuso para mi) y me propuso una ruta que implicaba recorrer un cuadrado todavía más grande que el anterior y que por ser palabra de Google -te alabamos Serguei- decidí tomar.
Tras unos cientos de metros de giros hacia el occidente y hacia el norte, y luego más al occidente y más al norte, me empezó a coger la angustia, la desazón, el enojo, la frustración; empecé a sentirme estúpido.
Como hace muchos años que me pasa esto, quisiera resumir aquí lo que he hecho para lidiar, sanar, resolver la angustia, la rabia y la frustración que me produce perderme, confundirme, tomar rutas equivocadas, absurdas, largas y/o innecesarias.
Recurso 1: ¿Habrá humor en esto?
Cuando me pierdo y doy vueltas que me parecen tontas, exageradas o absurdas, que me frustran y me hacen enojar, pienso: ¿Cómo resuelvo esto?, quiero decir, el sentimiento que me produce equivocarme. Creo que es muy importante plantearse cómo resolver lo que a uno le ocurre. Parece obvio, pero tal vez no siempre lo hacemos porque tenemos el sentimiento de que algunas cosas que nos ocurren y que nos hacen sufrir son fatalidades, no tienen solución.
¿Cómo resuelvo esto? Pensé esa vez. Y después de algunas tentativas se me ocurrió la pregunta: ¿Puede haber humor en esto que me ocurre?. Mi respuesta inmediata, sí. Tenemos la capacidad de hacer humor sobre cualquier cosa, aún sobre las más terribles. Cierto también que debe haber un “timing”, no en cualquier momento podemos hacer humor sobre lo que nos hace sufrir, sobre todo si es reciente, pero creo que casi cualquier situación es pasible de ser mirada de un modo humorístico, cuánto más la de un tipo que se desorienta frecuentemente.
Esta idea, la de la posiblidad del humor en la situación, me trajo tranquilidad; disminuyó mi angustia (sobre la dinámica del humor leer mi Sobre la dinámica del humor). No digo que pude hacer un chiste sobre mi situación. Digo que considerar la posibilidad de que pudiera haber humor me permitió tranquilizarme, hasta reírme un poco, aún sin saber cuál era el chiste. Me permitió ver que lo que yo veía y sentía de un modo (frustración, enojo) podría ser visto de otro modo (humorístico, risible).
Recurso 2: La perdida pedagógica (ojo que es perdida, sin tilde, no pérdida, con tilde)
La apelación a la potencialidad del humor no siempre ha estado presente y las perdidas o vueltas absurdas no han dejado de ocurrirme. Así que encontré otra idea para ayudarme. A las perdidas viales empecé a llamarlas “perdidas pedagógicas”, considerando que de este modo conocía nuevas rutas, nuevos sectores de la ciudad. Tal vez -me decía- en otra ocasión que vuelva a pasar por aquí diré: por aquí no porque ya me metí antes y no es (aunque me ha pasado que me he vuelto a meter por donde no era). De todos modos, llamar “pedagógica” a la perdida dignificaba un poco mi error y daba lugar a que tras la equivocación pudiera haber, como suele suceder con los errores, aprendizajes. Por otra parte llegar tarde a una reunión o un evento por la vuelta innecesaria o absurda y explicar que el retraso era fruto de una “perdida pedagógica” producía alguna gracia en los otros, reacción que me daba el mensaje de que la cosa no era tan trascendente ni tan grave como mis reacciones de frustración me la hacían sentir. Nos muestran los otros a veces que lo que es terrible para nuestro ego (por ejemplo para el mio, que se las da de muy bueno para las direcciones, que me dice que debo conocer perfectamente la ciudad, que nunca debo desorientarme y que si me pierdo o me desoriento soy un tonto o un idiota) es en realidad intrascendente.
A propósito del ego, hay algo curioso con él: por más que la experiencia contradice sus creencias, se mantiene en sus trece. Soy, para mi ego, un Cristóbal Colón, o, la persona, no sé cuál sea, más orientada del mundo, tal vez mi hermano, que desde pequeño parece tener metida en su cabeza la ubicación de cada rincón del mundo.
Recurso 3: El error como salvación
El tercer recurso para disminuir la angustia y el enojo de dar vueltas innecesarias fue la creencia de que mi perdida, mi dilación, mi vuelta aparentemente innecesaria tenía, a lo mejor, la función o el efecto de protegerme de una eventual desgracia que ocurriría si no me hubiera perdido.
Traía entonces a colación los casos de personas que se habían salvado de morir por una situación imprevista que había hecho que, por ejemplo, el avión que más tarde se estrellaría, las dejara: “me volví por las llaves y por eso llegué tarde…”. Hay muchos casos de este tipo.
Esos recursos, ideas, creencias, convicciones me han ayudado. Pero hay otro recurso que ha sido más definitivo, que ha contribuido a disminuir la frustración y a desaparecer las reacciones de autoagresión verbal (y alguna vez física), un recurso que ha contribuido a que mi reacción sea ahora más amable y autocompasiva.
Recurso 4: El perdón
Era de noche, estaba lloviendo y el evento al que iba era relativamente lejos, en un municipio al norte de la ciudad. Cuando me di cuenta de que había manejado un buen rato en la dirección equivocada y que para corregir la trayectoria habia que devolverse un trecho largo, experimenté una rabia intensa. Angustiado, una vez más, me planteé la solución del asunto. Casi gritaba: ¡Necesito resolver, y de manera inmediata y definitiva esto! La solución que me vino a la mente (cuando uno invoca las soluciones éstas aparecen) fue perdonarme. ¿Sabe qué? -me dije a mí mismo- Me voy a perdonar esto ¡pero ya! Así lo hice. Sentí un alivio inmediato. También, que el conflicto estaba solucionado definitivamente.
Recordé varias cosas sobre el perdón. Hace tiempo vi la película La lista de Schindler (que recomiendo). Hay ahí una escena en la que Schindler (alemán, amigo y socio de un oficial de alto rango que comandaba un campo de concentración) le dice al oficial que el César en la antigua Roma tenía el poder de perdonar la vida, que tenía en sus manos, de un cristiano o de un súbdito cualquiera. El verdadero poder, le dice Schindler al alemán, está en perdonar. Al oficial esto le parece una tontería, aunque luego, ávido de sentir poder, intenta hacerlo, si bien después vuelve a sus actos crueles.
Mi reacción al ver la escena fue la misma del oficial: me pareció una idea interesante, pero no le creí nada. Sin embargo, cuando perdoné mi error me di cuenta de que hay un gran poder en el perdón. El perdón, así lo veo en ese caso y en otras experiencias que he tenido, fue una liberación inmediata: sin procesos argumentativos, sin necesidad de comprender el origen del error, sin un arduo y extenso proceso intelectual. Una situación con la que llevaba años se resolvió con el acto, con la determinación de perdonar.
Como dije, la tolerancia con mis equivocaciones viales es bastante buena hoy por hoy aunque no es que, cuando me ocurren, me resulten indiferentes. Todavía no estoy, como se suele decir, tan “evolucionado”. Hoy sumé un nuevo recurso, una nueva reflexión para la misma situación:
Recurso 5: Vivir en el absurdo
Hay cosas en la vida, experiencias que a uno le pasan una y otra vez y que lo hacen pensar, buscar comprensión y obtener aprendizajes. Hoy, que me perdí, que di la vuelta loca, absurda e incomprendida y sentí frustración pensé ¿Es posible dar una vuelta absurda y larga y sin embargo vivir? y con vivir quiero decir sin mortificarse. Mortificarse = dejar de vivir. Opté por el sí. Estoy vivo ¿voy a dejar de vivir (mortificarme) por una equivocación?
Me acordé del mito de Sísifo de Albert Camus. Siempre me ha cautivado ese mito, por lo absurdo (creo que tiene algo de charro también). Para resumir, los dioses castigaron a Sísifo, no sé por qué, a subir una enorme piedra a la cima de una colina. Con mucho esfuerzo Sísifo la sube. La piedra, cuando está en la cima, rueda, y Sísifo debe volverla a subir. Una y otra vez. En esas se pasa Sísifo la vida; es su castigo, su condena. A partir de este mito Camus sostiene que el hecho de que la vida sea absurda no implica necesariamente que no merezca ser vivida; que es posible imaginar a Sísifo contento. Aunque la tarea, la vida, sea absurda, no quiere decir que no merezca ser vivida. O sea, sí, puedo dar una vuelta larga y absurda y sin embargo vivir.
Por cierto, aquí estoy. Vivo. Sigo buscándole el chiste a la perdida. Sigo creyendo que puede haber humor ahí. Sigo pensando que puede haber aprendizajes. Ya me he perdonado por equivocarme y ya he vivido en el absurdo. Aquí voy. Me dirá usted si le hace sentido esto que le digo.

Hola Santiago. Di vueltas, vueltas y vueltas en este blog para poder registrar una opinión. El absurdo, así es la vida. Gracias por compartir tu experiencia. Pensaba en una frase tipo Facebook "es muy poderoso, salvo el de poder perdonarse", a propósito de tu reflexión sobre el perdón. Gracias, hermano Santiago. La paz esté contigo. 🙏
ResponderEliminarHola Carlos. Ya me contarás por otro medio cómo fue tu experiencia al intentar registrar tu opinión para encontrar una alternativa más directa y amigable. Creo que no entendí la frase "tipo Facebook". Dame más. Y gracias a ti por visitar el sitio, leer y aportar tu ideas y sentires.
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