Téngase paciencia
Había un psicólogo, Thorndike, que encerraba gatos en una jaula (los gatos enseñan muchas cosas, sino pregúntele a Schrödinger). La jaula tenía un picaporte que permitía abrirla desde adentro. La primera vez que era encerrado –en contra de su voluntad, por supuesto–, el gato se revolvía, brincaba, arañaba, probablemente insultaba a Thorndike en idioma gatuno con toda su alma. Sin embargo, entre tanto revolcón, insulto y arañazo, sin darse cuenta cómo, accionaba el picaporte y la puerta se abría.
La segunda vez que se le aplicaba el “tratamiento”, el gato volvía a revolcarse, maullar, etc., y en un momento dado volvía a abrir la puerta, otra vez sin darse cuenta cómo lo había hecho. Como usted ya intuye, en una determinada sesión del experimento el gato descubría claramente el picaporte, el mecanismo, y de ahí en adelante más tardaba Thorndike en cerrar la puerta que el gato en abrirla y salir orondo –probablemente a pelearse con el perro de Pavlov–. Así propuso Thorndike la ley del efecto, un principio de aprendizaje que es básicamente el de ensayo–error.
Así que téngase paciencia. Algún día va a aprender a correr el picaporte, va a aprender a salir y de paso se va a reconciliar con los Thorndikes y los Pavlovs de su vida o con quien sea que lo mete en la jaula, probablemente usted mismo.

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