Risa y salud mental : sacudir el tapete. Flexibilizar la "varilla".
La risa es un mecanismo homeostático, es decir, regulador, utilísimo para liberar y mantener estables los niveles de tensión física y mental. Nos reímos cuando necesitamos hacerlo. La risa tiene la capacidad de restaurar el equilibrio anímico, rescatar la esperanza y con ella un optimismo sano.
Nos reímos cuando necesitarnos hacerlo
Pienso en la necesidad de reír y se me viene a la mente una escena: estoy acostado en la cama "scroleando” las redes sociales y de pronto me sale un video que me hace explotar de risa. Río con mis carcajadas de águila, una y otra vez, cada vez que repito el video. Lo curioso es que ahora no puedo recordar concretamente el video que me hizo reír. Es curioso que algo que haya ocasionado en uno una reacción tan intensa sucumba al olvido, pero ese es otro tema, por cierto, interesantísimo y profundo, que excede los límites de este artículo.
Al terminar mis carcajadas se me viene a la mente la idea de que necesitaba reírme. Pienso, y no creo equivocarme, que tal vez en otro momento en que no tuviera tanta necesidad de reírme, el mismo estímulo no me hubiera hecho reír tanto. Las carcajadas ocurren en esos felices momentos en que coinciden el chiste con la necesidad de reír. Muchas veces solo nos hacemos conscientes de la tensión que teníamos, de esa necesidad de descargarla, una vez que la hemos liberado.
Escribir puede ayudarnos a salir de nosotros mismos y encontrar la risa.
Lo que me animó a escribir este texto fue una experiencia reciente. Llevaba varios días en un estado de baja energía física y anímica a causa de una enfermedad transitoria a la que se sumaron algunas preocupaciones por asuntos laborales. Como suele ayudarme escribir, salí a hacerlo a uno de los coworkings de un centro comercial. Empecé a escribir lo que se me ocurría en el momento, que era como una especie de burla a mí mismo: "Aquí vinimos a pasarla mal", empecé. Unas líneas más adelante, terminada mi burla, quedé en blanco. Pasaron algunos segundos más hasta que se me ocurrió un ejercicio que hacía tiempo no practicaba y que consiste en escribir lo que veo y lo que se me ocurre sobre lo que veo. He descubierto que este ejercicio ayuda a dirigir la atención hacia lo externo y libera la sobrecarga de la atención dirigida hacia uno mismo que suele ser abrumadora.
Y de pronto… ¡la risa!
Poco a poco, liberado de esa sobrecarga, me fui sintiendo mejor. Una ocurrencia, de pronto, relacionada con un almacén de artículos de cuero me hizo reír larga y genuinamente (el placer y la liberación que produce una risa genuina no necesita ser explicado). Más adelante me tropecé con una mesa, o más bien con la dificultad de describir la forma de una mesa que suscitó una nueva ocurrencia, uno de esos chistes personales, de los que uno dice, mientras se carcajea, “yo me entiendo, jajajaja”. Esta ocurrencia elevó la intensidad de mi risa a las carcajadas por unos dos o tres minutos entre estallidos -cada vez que el recuerdo de la ocurrencia volvía- y breves compases de descanso. Después de eso escribí un poco más, cerré el cuaderno. Mientras regresaba a la casa me admiraba una vez más de la capacidad de la risa para aliviar las tensiones. Tensiones de las que uno no siempre es consciente y/o que en algún lugar de uno mismo cree que no van a desaparecer nunca. La mejoría en el estado de ánimo fue inmediata y con ella el aumento de la energía física y de la motivación.
Volver al centro para evaluar.
Uno de los efectos sorprendentes de la risa es que nos resitúa en nuestro centro, recupera un orden desde el cual vemos nuestros problemas o nuestras preocupaciones como asuntos que podemos resolver. Digamos que la risa vuelve a poner las cosas en su lugar para que continuemos trabajando en nuestras tareas existenciales que el exceso de preocupación y tensión, paralizándonos, nos hace ver como imposibles, incrementando aún más nuestra angustia y nuestra tensión. La risa nos permite reconocer nuestros propios recursos y libera la tensión para explorar nuevas soluciones, imposibles de hallar, quizá, en momentos de alta tensión (obsérvese que digo alta tensión y no simplemente tensión. La tensión es necesaria para enfrentar los retos de la vida pero más allá de cierto límite empieza a jugar en contra porque restringe la flexibilidad necesaria para moverse, para pensar bien y de manera creativa).
Sobre darse “palo”, “varilla” o “látigo
La risa, al poner las cosas en su lugar, en perspectiva, y ayudarnos a reconocer nuestros recursos y posibilidades de afrontamiento nos reconcilia con nosotros mismos y promueve la autocompasión.
El juicio que nos hacemos después de reír toma en cuenta elementos que el juez de la angustia, el exceso de preocupación y la tensión no toma en cuenta. El juez de después de la risa tiene una mayor perspectiva; toma en cuenta el bosque de nuestros aciertos, del trabajo que sí hemos hecho, de circunstancias que pueden ser ajenas a nuestro control y sabe, por supuesto, que nada crece o prospera a las patadas (o a los trancazos) sino más bien a pesar de las unas y de los otros. El juez de después de la risa es pues compasivo y tiene una visión más amplia que el pequeño juez del autorreproche que, rígido como un palo (o como una tranca), con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados solo percibe el error, la equivocación y la falta.
Cuando busco una imagen que represente el efecto de la risa en el alma se me viene la imagen de cuando uno sacude un tapete. Lo toma por sus puntas, lo sacude arriba y abajo y el tapete hace ondas cuyo movimiento saca el polvo, le da una nueva vida y lo libera de sus rigideces, si bien la vida del tapete suele ser más bien sedentaria. Seguro que hay imágenes mejores pero no se me ocurre por el momento una mejor para expresar cómo la risa sacude (lo hace física y literalmente), cómo reorganiza, cómo nos vuelve a poner en nuestro centro y nos devuelve la confianza que proviene del reconocimiento de nuestros recursos y de la emergencia de nuevas posibilidades no tenidas en cuenta, quizá, hasta el momento.
La risa: ayuda, no panacea.
Ahora, usted me dirá: ¡No pues, la maravilla! y yo le voy a decir ¡sí! Pero entiendo lo que me quiere decir, que uno no siempre se ríe, que a veces uno está tan “llevado” que precisamente no le dan ni cinco centavos de ganas de reírse. De acuerdo. Hay momentos así y tampoco se dice aquí que la risa sea una especie de panacea que resuelve nuestros problemas o que mágicamente haga desaparecer nuestros síntomas, nuestros dolores, nuestras angustias y conflictos. No. Lo que se dice es que, siempre que sea posible, es buena idea recurrir a la risa para eliminar el exceso de tensión, de preocupación o angustia que suele rigidizarnos y nos impide contemplar nuestros problemas de una manera más tranquila para encontrar soluciones o alternativas.
Ahora, ¿Y cómo recurrir a la risa?
Recursos hay muchos
La risa que proviene del humor
Esta risa se obtiene, obviamente, interactuando con estímulos humorísticos, entre ellos la comedia en todos sus formatos, especialmente en el formato en vivo. No es lo mismo “escrolear" el celular en la cama, aunque a veces algún estímulo nos hace estallar en carcajadas, o como dicen por ahí, “nos hace el día", que disponer de un tiempo y un espacio destinado exclusivamente a la conexión directa, presencial. Por más que lo virtual simule las interacciones reales nunca llegará a alcanzar los incontables matices y el intercambio de información que se alcanza con la experiencia, digámoslo así, viva.
La risa que proviene del juego
Nada como el juego para suscitar la risa. El juego, esa experiencia a cuyas reglas, dice Huizinga, teórico insigne del juego, nos sometemos libremente; esa experiencia que produce tensión, alegría y (ojo a esto) la sensación de encontrarse en una realidad alterna o diferente a la realidad habitual, sensación tan valiosa y necesaria, dicho sea de paso, para descansar de esa realidad habitual y sus tensiones.
La risa social
Toda risa, dicen por ahí, es la risa de un grupo. Reímos en los grupos porque tenemos códigos comunes y eso nos acerca, nos hace sentir parte de una comunidad, de una común - unidad. Robert Provine, un doctor en psicología, que ha investigado el humor y la risa, realizó, con un grupo de estudiantes, una investigación que evidenció, entre muchos otros aspectos, que hay mayor probabilidad de reír en grupo que solo y que la risa de los grupos no es necesariamente humorística. Muchas interacciones, sin ser agudezas o piezas ingeniosas de humor, desatan la risa.
La risa ensayada o actuada
Consiste, de manera general, en practicar, como un actor en escena, los movimientos y sonidos de la risa. El mecanismo de esta práctica es interesante en cuanto fingir la risa, un poco por lo absurdo que resulta y un poco porque estimula las órganos encargados de producirla, termina suscitando la risa genuina, y mucho más si a esta práctica se suman el componente grupal y el lúdico, propiciadores, a su vez, como queda dicho, de la risa.
En conclusión, la risa, causada por diferentes fuentes, que la mayoría de las veces se combinan en la práctica, es un maravilloso mecanismo de regulación emocional, una experiencia que nos libera del exceso de tensión, de preocupación y de angustia y que de ese modo nos permite acceder a una visión más equilibrada de nosotros mismos y del mundo para continuar trabajando con nuestras tareas vitales. A veces, claro, se necesita más que la risa y el humor, pero para eso tenemos nuestras redes de apoyo y por supuesto, el acompañamiento psicológico y una amplia oferta de personas dispuestas y con conocimientos para escuchar, acompañar y orientar.

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